– Uf, el típico perro idiota que ladra sin darse cuenta que al hacerlo molesta a media humanidad.
-¿Perdón?
-Que seguramente sos el típico perro que ladra y ladra hasta quedarse afónico, el colmo de la idiotez.
-Yo soy un perro de mar, los perros que viven en la costa no ladran, deberías saberlo. Algún cuatriciclo, tal vez, si hace mucho ruido, puede ser merecedor de nuestra atención. O en el verano, mientras algún amigo perro nada, nosotros, orgullosos de su coraje, también le ladramos mientras surfea alguna ola. Pero, por lo general, en ese aspecto, somos bastante discretos.
-“ Debieras haber ofrecido, antes de embarcarte, hermosos sacrificios a Zeus y a los demás dioses para llegar sin dilación a tu patria, navegando por el vinoso ponto”.
-¿Y eso?
-Homero, bruto.
-Ah, ok, a mi me gusta mas Jacques Cousteau.
-¡No tienen nada que ver!
-Te puedo asegurar que si.
-¡Te digo que no, perro idiota!
-El pez por la boca muere.
-Yo no estoy muerto.
-¿Ah, no?, tenés toda la pinta, darling. ahí, tirado en la arena, sin moverte, con la boca abierta y ese olor tan…pero tan…
-Pse, no me importa lo que digas, cumplo en informarte que estoy descansando en este limbo de arena mientras me decido por el cielo o el mar.
© Nicolás García Sáez