Un calor insoportable se ha apoderado de la ciudad. Los termómetros parecen haber enloquecido al registrar temperaturas insólitas. En los bares los parroquianos fuman, sudan, juegan al mus, a los dados, al dominó, espantan a las moscas, beben fino y manzanilla, horchata, alguna caña, granadina o vodka con hielo y limón. Hay radios apoyadas sobre los mostradores pegajosos, Los locutores, contratados temporalmente para trabajar en las emisoras, aconsejan la ingesta abundante de agua para evitar la deshidratación o un shock, la muerte repentina por un golpe de calor. Acto seguido, comienzan a tronar las noticias vespertinas que anuncian el disparo del consumo eléctrico, las sequías, los incendios, las víctimas, las emergencias de los hospitales que no dan abasto. Comunican también la huelga de pilotos de un centenar de aeronaves, los miles de perros y gatos que en estas vacaciones serán abandonados por sus dueños, la odisea de montones de inmigrantes ingenuos que cruzan el estrecho buscando ¨El Paraíso¨.*
Barcelona / año 1996
© Nicolás García Sáez
*Se requiere a un editor atento, expeditivo y con experiencia para la publicación de esta primera novela inédita