El Valle de la Luna, Pangea y un hongo que probablemente contempló Sarmiento

Que nadie me señale si relaciono a un club de bochas ubicado en algún barrio de la periferia con el escurridizo Neil Armstrong. O me mire torcido por relacionar en este lugar tan árido a un submarino de Verne con un hongo que pudo haber visto Sarmiento. Aclaro de entrada que mi sobriedad aquel día, como casi siempre, era impecable. Así, con el correr de esas pocas horas, la sensación de estar caminando sobre el satélite natural más famoso era aplacada por un sol violento y el rumor de unos turistas japoneses que estaban más sorprendidos que yo con aquel lugar extraordinario, perteneciente a la provincia de San Juan. El guía hizo un silencio generoso que me permitió imaginarlo acostumbrado a aquel paisaje prehistórico, paraíso como pocos de los paleontólogos. De todos modos deduje que no debe haber sido fácil para él digerir una geografía tan vasta, envuelta entre millones de años, procesarla e intentar explicarla. Veamos.

El guía sigue dándole una explicación profesional y con aires de Wikipedia a los turistas, hay varios con la boca abierta. A nuestro alrededor se presentan formas geológicas impresionantes, fruto de la erosión que producen las pocas lluvias y el viento. Hace calor. Todo es ocre, rojo, desierto pardo, piedra y rocas gigantescas. El cielo es de un añil refrescante. Me distraigo, pero también sigo inmerso en el tema. Imagino a Pangea, aquel supercontinente que abarcaba a los seis actuales, 300 millones de años atrás, y que era rodeado por el inmenso océano global de Panthalassa. En aquel lugar pululaban las tortugas, tal como las conocemos hoy, garbeaban los ancestros de las ranas y las salamandras, que nadaban en los lagos turbios y capturaban con su lengua a las libélulas. A la vera de los ríos caudalosos crecían helechos gigantescos, producto de un clima cálido y húmedo. Por las noches las musarañas, o algo parecido, se agitaban entre las piedras para cazar insectos o animales más pequeños. En las aguas de Panthalassa reptiles nadadores y ancestros de delfines se disputaban el alimento: crustaceos y belemnites con forma de torpedo que se protegían de sus depredadores lanzando tinta y que, según algunas creencias, nacían cuando un relámpago tocaba la tierra. Allí deambulaban también los arcosaurios, destacándose entre ellos los parientes más cercanos de los cocodrilos, y el amo y señor de esas tierras: el dinosaurio.


Pero pocas son las cosas que duran para siempre. Pangea se fue resquebrajando y a lo largo de millones de años diluvios dantescos inundaron las llanuras, formando grandes cantidades de barro que sepultaron todo tipo de plantas y animales. Hoy, resultado de esos accidentes, podemos apreciar ese paisaje que le da el nombre a este lugar, que ademas de ser conocido como el Valle de la Luna por sus similitudes con el planeta vecino, se promociona como Parque Nacional Ischigualasto, nombre, según algunos, de origen diaguita que significa “lugar donde no hay vida”, o, según otros, de origen quechua, que significa “lugar donde se posa la luna”. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, aquí se puede revivir la prehistoria y uno de sus períodos más importantes, el Triásico, en forma completa y ordenada como en ningún otro lugar del mundo. Aquí también se han encontrado gran cantidad de fósiles de vertebrados y restos de hojas y troncos de aquella época( que en 1958 fueron llevados para ser estudiados a Estados Unidos, país que, oh, devolvió a la Argentina solo una pequeña cantidad de esos hallazgos). Ubicado a poco más de 300 kilómetros de la capital sanjuanina, en estas 275.000 hectáreas que conforman el principal atractivo turístico de la provincia se pueden apreciar formaciones geológicas que tienen mas de 200 millones de años. No es moco de pavo lo que representan ese montón de piedras gigantes con forma de bochas, talladas durante infinidad de siglos por el viento y el agua. O lo que representan esas piedras que recuerdan a un submarino (cuando la foto es tomada desde uno de los costados). O esa otra formación geológica, la más representativa del lugar, que tanto se parece a un hongo con paredones rojizos al fondo y que, imaginar no cuesta nada, tal vez haya visto con sus propios ojos el sanjuanino más célebre (bastante discutido hoy en día) Domingo Faustino Sarmiento.

© Nicolás García Sáez* / Diario ¨La Portada¨ / *Editor del suplemento de viajes, turismo y cultura*

Año 2013 / Valle de la Luna

Ejemplar impreso a disposición del/la interesado/a