Diálogo entre un tomate y una planta de lechuga

-¿Qué acelga?
-No, lechuga, de la mantecosa.
-Pregunto como andás.
-Ah, ok… maso, tirando, ¿vos, che, muy contaminado?
-Obviamente, como siempre, con todos los plaguicidas imaginables encima y los inimaginables también. ¿Y por casa como andamio?
-Fresquita, pero clonada.
-Yo, también como buen transgénico, repleto de agroquímicos y vacío de nutrientes, tengo montones de porquería mortal encima, al igual que toda la cosecha que me acompañó. Pero estamos más que acostumbrados, peor la pasaron nuestros tatarabuelos, que tuvieron salmonella, allá por el 2011, y envenenaron a un montón de personas.
– Está todo igual, o cada vez peor, que es casi lo mismo, pero no.
-¿Y los gobiernos, nunca hacen nada al respecto?
– ¿Qué son los gobiernos?, ¿frutas o verduras?, ¿o es otro pesticida?
-Nada importante, aunque lo último que dijiste…
– Ok. Ayer un amigo tomate me contó que, según la Organización Mundial de la Salud, mueren al año dos millones de personas a causa del agua y los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas, los cuales causan más de 200 enfermedades, entre ellos el cáncer.
-Los alimentos orgánicos no están tan mal.
-Es verdad, eso dicen, ahí zafan casi todos, pero se la re creen, viste, ya que a ellos los venden carísimos en el Mercado.
-¿ Y por qué decís Mercado con M mayúscula?
– ¿Qué M?
– La M de Monsanto.
– Se me escapó, perdón.
-¿Estás lista para ser devorada por éste, que se las tira de vegetariano?
-Si, pero, mínimo, nos podría lavar con un poco de vinagre y otro poco de bicarbonato antes de ser masticados. Y luego, si no es mucho pedir… ¿sabes lo que me encantaría?
-A ver…ilumináme que con tanto agroquímico encima ya no veo nada.
– Un bañito con aceite de oliva de Cruz del Eje y unas pizcas de sal rosa, la del Himalaya.
– Estoy muy de acuerdo.
-La dignidad, ante todo.
-Y si. Bueno, salud.
-Salud.

© Nicolás García Sáez