Monólogo de un alfajor

Mmm… que buena pinta que tengo, a que sí. No me digas que no soy EL producto publicitario publicitado por un publicista público que ha publicado su publicidad. O algo así. Prometedor, épico, esperanzador…parezco un político en plena campaña electoral. ¿Ah, no?, ¿y entonces, qué soy? Si vos me ves como una golosina feliz & apetitosa, esponjosa, dulce, buena y willywonka, transmisora de endorfinas power… ¿para qué querés que te diga la verdad sobre mí?, ¿qué pasa si yo te digo que adentro mío hay una cosa muy extraña llamada sorbitol?, ¿te dice algo?, ¿empezaste a visualizar un hámster? Porque, te cuento, además tengo otro coso adentro denominado alginato de sodio. Y encima, por si fuera poco, también estoy compuesto de agar, carragenina (cancerígeno en animales de laboratorio) , sorbato de potasio (también cancerígeno) lecitina de soja y emulsionantes (cancerígeno). Y, si así y todo no te alcanzase o alcanzare, yo añadiría que dentro de mi publicitada dulzura tengo grasa bovina, jarabe de maíz de alta fructosa,  policirrenoleato (éste es lindo para un trabalenguas) tiamina, niacina, fosfato monocálcico, poliglicerol (que debe ser primo del otro poli no sé cuanto) bicarbonato de amonio y de sodio, propionato de calcio, aromatizantes artificiales, riboflavina, diglicéridos de ácidos grasos y etcétera, etcétera, etceterina. ¿Qué onda? ¿dejarías de quererme si te enterás que tengo todo esto encima? Yo sé que no porque soy irresistible. Dale, vení, no te hagas el vegano inclaudicable conmigo, sé que te tiento, y mucho. Acercate, mirame, oleme, pegame otro mordisquito, total, el mundo ya está para atrás. Y no va a cambiar por unos gramos más de químicos intensamente adictivos y nocivos que te metas por enésima vez en el cuerpo.

 

© Nicolás García Sáez