El agua fría de noviembre acentúa la ciclotimia primaveral. Si hace algunos días hizo frío, tanto viento y después llovió, hoy, durante las horas de una siesta que nunca se duerme, las cosquillas del sol se apagaron, dejando de propina una ola de calor.
Los grillos y el firmamento combinan muy bien. El soberbio reverberar despierta un horizonte turquesa, oscuro, helado. Deambulan los meandros de la psique por debajo del agua. Todos los recuerdos se atropellan con calma, tantos paisajes, ningún ensayo en el primer escenario de la madrugada. El trajín de la semana se viste de líquido nocturno, renovando cada una de mis billones de células. La noche es larga.
© Nicolás García Sáez