Vesak

Hoy se conmemora el nacimiento, la iluminación y la inmortalidad del ser humano que más cerca estuvo de la perfección en este planeta Tierra: Siddhartha Gautama, quien, luego de abandonar una vida principesca de lujos opíparos en su palacio natal, tomó conciencia y decidió recluirse en los bosques cercanos al rio Niranjana (Phalgu) para meditar durante seis años y así poder transformarse en el Buda, el Iluminado, el Despierto, a los 35 años de edad.

Wesak, o Vesak, que proviene del mes lunar Vaisakha, es la festividad más importante en la tradición del budismo tibetano. En muchos países de Asia y en otros territorios, almas afines conectan y difunden las enseñanzas de Buda, suelen ir a los templos y dedican largas horas a la meditación. Los méritos de las prácticas espirituales se multiplican por cien mil. El propio Buda, antes de trascender, fue quien le dijo a su fiel discípulo Ananda que la mejor manera de homenajearlo no era la mera ofrenda floral o el encendido de inciensos, sino la de reiterar su determinación de que todos llevemos una vida noble, desarrollemos nuestras mentes y practiquemos la empatía para traer Paz a la humanidad.

En criollo: si sos fan de la milanga napolitana, hoy es un gran día para dejarla. Si ves a niños o ancianos durmiendo en la calle, podés colaborar dando cobijo o alimento. Si le hiciste daño a alguien, disculpáte, esa es una gran señal de fortaleza, nunca la confundas con debilidad. Y si no crees en ninguna de estas cosas, bajálo a la parcelita de tu microcosmos y acordate del numerito: 100.000. No es poco, por hacer aparentemente tan poco.

Texto y luna de Vesak multiplicada: ©Nicolás García Sáez