Bicho de lluvia

Hay una delgada línea que va de la epifanía visual y auditiva al llano de la sencillez, chata, ruidosa y entrañable. Un pájaro o varios pueden marcar el punto de inflexión. Allí dentro, todo se resuelve entre el Paraíso y el foco, pero con visión panorámica.

El agua es fría, hay entornos y contornos que titilan multicolor. Incluso el aroma del viento leve, de estío inminente, de presente continuo que ahora tiene que surfear el acto de magia, tiene una presencia que deja de ser etérea.

Las ranas cantan cuando se apaga la lluvia. El cielo nublado gana la pulseada. Debajo, una libélula flota junto al zarandeo de los átomos.

 

Texto & pintura: ©Nicolás García Sáez