Ecos

*Haciendo eco de las palabras de Thich Nhat Hanh y en pos de ampliar ese horizonte, sabemos que la nube trae la lluvia y, gracias a eso, de la semilla brota el bosque, que traerá el papel para hacer los libros en donde podremos leer lo que el monje tiene para decirnos. Ese pequeño o gran sacrificio brindará frutos gigantescos, un sinfín de posibilidades.

*La pantalla puede ser el escondite perenne de las señales turbias de humo que se pierden en la cobardía de la enésima inacción. O, por el contrario, puede crear Universos, generar esperanzas para cranear casi utópicamente una estrella en el firmamento de Cannes y, desde allí, girar a babor o a estribor, navegar hacia la isla de todos los tesoros del Séptimo Arte.

*De la pantalla a la lluvia hay un paso o un abismo paupérrimo. Se toca un botón, se atraviesa el trauma, se produce la magia. Caso contrario, un dedo quieto querrá seguir fomentando el misterio más aburrido de todos los tiempos.

* Los ecos del monje, los pies descalzos sobre la tierra húmeda y fría, luego de la lluvia, son el hilo conductor hacia el suspiro, materia prima y quid de todas las cuestiones que ahora presencian un nuevo cielo despejado.

Texto y foto: © Nicolás García Sáez