Detox

Cuando desintoxicamos nuestro cuerpo, lo logramos gracias a los cambios en la alimentación, de este modo el organismo elimina toxinas, impurezas, residuos de todo tipo. Una perogrullada, claro, tan necesaria como respirar. A esta suerte de terapia, o mimo personal, se lo denomina detox, una remoción fisiológica o medicinal que, además, alivia el estrés, el reuma…el hígado, también agradecido Cualquiera que tenga intenciones de llegar hasta los umbrales de la longevidad, e incluso más allá (en 2021, señala la División de Población de la ONU, vivían en el mundo más de 621.000 personas de al menos 100 años de edad, se estima que ese número superará el millón para finales de esta década), adoptará este hábito e irá sumando beneficios: tiempo, energía, vitalidad, no es poco. Aunque alguno que otro galeno de discutible prosapia académica sugiera lo contrario, el detox también repercute en nuestro cerebro, después de todo, el órgano que centraliza el sistema nervioso no deja de ser una parte importantísima de la materia que llevamos todos los días de aquí para allá. Así las cosas, y teniendo en cuenta esto último, se puede hacer también un detox de la indignación.

¿Y cómo se hace esto? Con un impulso, o dos, tal vez algunos más, con una actitud determinada y terminante que nos llevará a dejar de consumir diariamente la telenovela barata de altísimo presupuesto (oxímoron pagado con nuestros impuestos) del enésimo circo montado por los políticos de turno. A priori, para aquel que permanece enfrascado, o adicto a los tironeos infantiles (tantas veces armados) de los pésimos actores y de las lamentables actrices de la escena actual (que también incluye a los horrendos actores y a las patéticas actrices de las escenas anteriores), será tan difícil como dejar de fumar, de beber alcohol, de comer carnes. Pero luego, con paciencia y férrea voluntad, el ex consumidor irá notando como la náusea diaria desaparece mientras va dejando atrás a todas o a varias de las ¨indignaciones¨ (que aquí, si o si, siempre son muy selectivas)  de los súbditos del oficialismo y de la ¨oposición¨(bodrios que tanto se parecen entre ellos, que tanto se proyectan mutuamente) evaporando, de este modo, en la mente, los berreos sin sustancia, tan poco constructivos, que se arrojan unos a otros (panzones trajeados con sueldos ominosos) mientras el país, cada vez más saqueado, se sigue incendiando.

Paciencia. Voluntad. Inhalar. Exhalar. Inhalar. Exhalar. Confiar en que hay un futuro mejor. Entender que nos merecemos algo Superador.

¿La Argentina, es un país idóneo para estudiar y practicar el budismo? Acá, el que no corre, vuela. Mientras la filosofía de vida más pura y excelsa de la Historia del mundo te enseña a ser mejor persona cada día, o a intentar serlo, uno desea poner en práctica, inmediatamente, esas enseñanzas. Pero suele suceder que cuando le tendiste una mano a alguien para ayudarlo, el fulano o la fulana en cuestión intentan aprovechar para meterte la suya en tu bolsillo. ¿La culpa es de Buda? Pues no, damas y caballeros, aún quedan kilómetros y kilómetros para corregir la idiosincrasia con la que está vestida nuestra Patria. A no desistir, ni desesperar, lo primero es lo primero y ese paso inicial consiste en dejar de lado el ¨alimento¨ con el que los políticos nos aburren e intoxican cada día. Luego, y sin dejar de estar atentos (se puede hacer, por ejemplo, un paneo semanal de la actualidad en canales más o menos independientes de You tube), sobreviene la limpieza, la levedad, una nueva oportunidad.

Tan simple como eso.

 

© Nicolás García Sáez