En tránsito

La sombra ruidosa del atardecer debate con lo más sutil de mi autoestima. Un ejercicio, como lo es el remar dentro de ese dulce de leche delicado que atraviesa el oleaje y saborea  la victoria.

Imaginemos algunos escenarios posibles: esto es muy personal, pero también se hace extensivo para las almas afines. Una posibilidad es la de escalar el Everest que todos (y todas) llevamos dentro. En ese recorrido, es obvio, hay infinidad de posibilidades que van de la tragedia hacia la duda y de ahí a un nuevo ejercicio, el de verse a uno mismo bailando funky bajo una esfera de luces. ¿Exagerado? Tanto como verte viajando hacia la India con un sinfín de propuestas geográficas y todas las posibilidades espirituales que despierta aquel país gigantesco.

Tendido decúbito dorsal todo parece ir viento en popa. Mirar el techo a veces puede ser un deporte extremo. Los recuerdos piden pista y aterrizan como una flecha, partiendo al corazón en dos. ¿Me quiero sentir bien o me quiero sentir mal? No hay mucho más, la tibieza confortable de la duda puede funcionar como un bálsamo pasajero, pero es muy sencillo hundirse en las arenas densas y movedizas de la autocompasión. Me intoxico, un poquito, pero no sirve para nada. ¿Qué hacer entonces? Nadie en su sano juicio quiere sentirse mal, aunque juicio muchas veces es lo que escasea cuando ingresamos por sorpresa dentro de una turbulencia. Un jueves por la tarde podés acariciar la felicidad y decir, con una lágrima asomando, ¨todo es perfecto¨, y el jueves de la semana siguiente estás chapoteando en el fango. ¿La razón? Bien, gracias, hace dos segundos todo era un Paraíso y ahora la ves mordiendo su propia manzana envenenada. A correr, a dejar la puerta casi cerrada o apenas entreabierta, pero a correr y sin mirar atrás.

Y que sanador es imaginarse ahora, mientras en la primavera de Buenos Aires hace frío y apenas llovizna, caminando por Dharamsala, apreciando las panorámicas, sentir allí la presencia del Dalai Lama. O deambulando por Benarés, la Varanasi de callejuelas con motos y su ribera generosa acariciando al Ganges. ¿Y si soy un youtuber con influencias simbólicas? Tal vez pueda aportar alguna imagen desde Nepal. Soñar a veces solo cuesta mover un dedo, el que señala a tu destino o a una jirafa con bigotes fucsias, para el caso es lo mismo, lo importante es respirar

© Nicolás García Sáez