Nelly está muy bien alimentada, cuidada, mimada, no le hace falta nada pero vive con actitud de carencia. Sus patrones son los dueños del circo pero, así y todo, los balidos protestan igual.
Para nuestra querida Nelly, los buenos, cándidos, angelicales pertenecen a la izquierda y los malos, villanos malvados, son los de la derecha, cuando no se da cuenta que esa misma izquierda tal vez sea la odiada y temida derecha y su viceversa el mismo mar de dudas, desde el susurro más oscuro de la noche y hasta que sale el sol.
Nelly a veces se parece a Heidi correteando entre las flores de los Alpes otoñales. Pero luego se detiene y observa obnubilada el poster de Dolly, oveja clonada que despierta toda su idolatría. Entonces va y te bate -sin titubear- tode con la E: ¨amigues, nosotres, les hijes de vosotres¨. Es raro, casi inaudito, que emita un ¨ hipócrites, corruptes y turules¨. Nelly piensa que con el mero agregado de la letra E va a cambiar el mundo. Gandhi :¿un poroto? La Madre Teresa: ¿una porota?. Nelly nunca escuchó nada acerca del hambre que existe hace siglos a lo ancho y a lo largo del continente africano , ni tiene la más remota idea de que hay tsunamis en Tailandia que acaban, en cuestión de segundos, con un montón de vidas que, muchas veces, superan el millón. Tal vez sea mejor así. Que nadie vaya y le diga lo contrario, puede resultar muy tedioso y repetitivo escuchar la indignación selectiva de nuestra tonelada de algodón de peluche preferida, mejor que ni se entere que ella tal vez sea parte del problema y no de la solución.
Nelly no tiene sexo, puede ser un concepto o el mero capricho de un plenipotenciario. No tiene nombre, aunque lo parezca, no es hombre, ni mujer, bien pensado tampoco es una oveja, siempre hace falta un grandísimo rebaño para comenzar la función. Pero, todo hay que decirlo, nada o casi nada de esto es por culpa de ella o de él. Hay esquemas, estratagemas, mapas que siempre llevan al mismo territorio desde que el mundo fue conquistado por los monos, e incluso antes. Los monos y las ovejas parecen no congeniar, pero… si afilamos un poco el oído, los ojos, todos los sentidos y la memoria, podremos ver un tándem que se funde al unísono y en un mismo embrión
© Nicolás García Sáez