Tibio

¿Lavar los platos puede determinar el Momento Zen más alto de una tarde? Veamos. Hay algo en el líquido tibio fluyendo por la epidermis que puede retrotraer a cierto estado primigenio, sobre todo si se magnifican sentidos o emociones mientras sucede: el sonido del agua es delicioso, la temperatura es ideal, la alegría es genuina cuando se instala una nueva sensación de micro batalla ganada: el objeto ha sido liberado del tomate, la salsa de soja y la quinoa que permanecían pegoteados a la cerámica.

¿Y si todo es una artimaña para subrayar y promover las ganas de procastinar? Hay una contradicción en la duda y el verbo polémico, pero si al Momento preferido de la tarde se le suman pequeñas opciones igual de provechosas, puede funcionar como apéndice o alternativa. Allí se acude, casi flotando, a  la nueva receta para las galletas de avena, al cuadro que crece en colores y complejidades, al experimento recién hecho con videitos del celular. La Felicidad no es todo eso, lo sabemos, pero hay algo semejante que comienza en el agua para decantar, allí, cuando se palpa la semilla plantada de un momento único que viene a limpiar.

 

© Nicolás García Sáez