Sin el canto del grillo

El pavo real del turno actual despliega nuevamente sus plumas monocromáticas con extrema torpeza.  No capta, no entiende, no le importa lo que necesita la ciudadanía. Insoportable es imaginar el grito de los inocentes durante la faena cruel de los mataderos, un grito desesperado que , es muy curioso, se cotiza cada vez más alto en el mercado de los alimentos innecesarios y sin empatía. Se puede entender el atavismo de la carne entre los dientes, el sabor al que nos acostumbraron desde niños, uno puede respetar y convivir con ciertas elecciones ajenas, gran parte del entorno sigue fiel a sus antojos. Pero cuando la costumbre tambalea y la moneda de cambio incluye la ingesta de la abeja, considerado uno de los seres vivos más importantes y necesarios del planeta, la indignación crece y puede ser tan insoportable como el grito del animal mutilado.

Los productores del primer eslabón de la cadena alimentaria (vegetales, frutos) pueden brindar perfectamente buena parte de la energía y los nutrientes que necesitamos para vivir con dignidad. A la gran mayoría no le importa este dato, perdiendo la oportunidad de explorar todo un universo de delicias. ¿Y qué es lo que ofrece a cambio el pavo real del turno actual? Pues nada menos que promover la entomofagia para suplir el alto costo que (en gran parte es culpa suya) alcanzan, entre otras, las vísceras sangrantes. Puede haber todo un piripipí proveniente de Europa promoviendo las bondades de comerse un grillo, para luego privarnos de su canto, pero no deja de ser una buena alternativa y propuesta pensar a ese mismo pavo comiéndose, una a una, sus propias plumas.

 

© Nicolás García Sáez