La melatonina fluye tenue y apenas audible gracias a una flauta tibetana que vuela durante casi medio día. Imagino al instrumentista (también puede ser una dama) inspiradísimos, con todo su entusiasmo. Hay un objetivo que destaca para liberar a quien lo escuche de las nubes grises de los pensamientos. Esas nubes luego traerán lluvias y su traducción en la abundancia, pero hoy las cosas se ven mejor con el sol. Supongo que es un buen momento para constelar.
Un hada de voz dulce no quiere ser duende. Los elementales tienen diferentes puntos de vista. Un duende se pasa de inquieto, pero el hada puede ver energías pululando entre las piedras. Allí ve cierta tensión, coherencia, lucidez, alegrías y tristezas, puede ver todo un universo familiar en movimiento. Es un lenguaje nuevo que hace hablar al cuerpo, a la duda, al acierto, a todo un horizonte donde asoman los viajes que se hacen cuando todo está en orden.
© Nicolás García Sáez