Gris

Hierve el agua durante el recreo y la tensión florece entre las burbujas. Hay varias maneras de abrigar un momento de calma: dejar que broten las palabras que hacen eco en el subsuelo tal vez sea una buena idea. Los ecos se disipan con los regalos cotidianos: pájaros, follaje otoñal multicolor, sierras, cielo nublado en intensa pulseada con el sol, últimamente es un combate desigual en donde vencen casi siempre los grises. ¿Por qué ese color tiene tan mala prensa?

Los grises pueden funcionar como metáfora de las dudas. Y la duda puede remitir a cierta flojera o, todo lo contrario, puede notarse como un esfuerzo de ir más allá de una primera, segunda o tercera impresión. En honor a lo preciso, las impresiones pueden ser infinitas, pero la duda confirma que pueden haber más alternativas.

El cielo fue pintado por las nubes con ese color. Es raro que alguien lo asocie con la alegría, por lo general remite a bajón, cosa densa, el emo aguafiestas y melancólico del cosmos. Para el feng shui es la serenidad, el conocimiento, la elegancia. Observo las nubes en movimiento, lentas como las cosas que tardan un poco más en descubrirse. Habría que preguntarse -de vez en cuando- quien, cómo y donde hizo correr la bola. Me gustaría viajar en el tiempo, a esa época, a ese lugar (difícil, ya que no hay datos sobre eso) para conversar con el primer señor, o señora, que haya dicho que el gris es un color triste. Siempre hay uno que arroja esa primera piedra. Supongo que su nombre no era Natalio. Algo me dice que habitaba en la Prehistoria.

 

© Nicolás García Sáez