Cien

Es hora de festejo sutil para darle la bienvenida a los frutos. Las semillas ya fueron plantadas y los brotes siempre crecen más allá de nuestra vista. Imagino que un contemplador muy experimentado puede ver la vida naciendo, un río que alimenta a cada instante, pilares de la ilusión.

En las orillas,  los sueños se evaporan como la niebla del pasado o el futuro. El cultivo siempre late bajo un cálido baobab con forma de iceberg. El sol, estoy seguro, derretirá al hielo, la luna disputará devotos junto al insomnio y así el esfuerzo valdrá el placer del intento.

Un coro de brotes nuevos le cantará al árbol, le dirán que se mueva, que más allá de su presencia existe un bosque. Lo plantado en este  lugar, ya se ha dicho, crecerá, será tronco, ramas, hojas silbándole al viento que ya lo sabe: junto a todos aquellos árboles hay más de una oportunidad.

 

© Nicolás García Sáez