De madrugada

*Pispeo en mi biblioteca unas ediciones exquisitas de Julio Verne y Miguel de Cervantes. Abracadabra y pinta el fondo del mar. Dos grandes aficionados al Bentos Abisal, Don Julio y yo, somos frecuencia y energía recorriendo los túneles de los tiempos.

*Merendar a la una de la mañana siempre será un buen programa. Mis últimas dosis de espirulina, maca, cúrcuma y chía hacen efecto inmediato en mi psique, noto el chute de una neurona a otra, imagino a un delfín celebrando la sinapsis. Ruego excusen, damas y caballeros, que en este párrafo saque a relucir un pellizco del glosario freudiano, pero la sinestesia que acompaña mis actos de justicia -más bien poética- provocan el irrefrenable deseo de proyectar ciertas sombras. La intención es darles un poco de luz con aroma a sésamo y el colorido sabor del esperanto.

*Son las dos y diez de la madrugada. Hace tiempo, el necesario, que no escribo a esta hora. El cuerpo cada tanto pide siesta a horas imprevistas. No soy muy aficionado al dormir, pero cuando me tiendo decúbito dorsal me entrego a lo mejor que pueda brindarme Morfeo. Sueños interesantes, un buen descanso, cuencos tibetanos, etcétera. Cada tanto la gata ronronea en la esquina opuesta de mis pies, luego su instinto le pide terraza y luna, maullarle a la noche, a todas sus estrellas, la mayoría flotando invisibles y eternas.

Y bien, capitán, lo que los antiguos no se habían atrevido a emprender, la unión de entrambos mares, que abreviara en nueve mil kilómetros el camino de Cádiz a la India¨. ¡Qué maravilla, qué gran autor!. Estas palabras, pertenecientes a Julio Verne, me hacen notar la causalidad de las casualidades. Varias personas cercanas me están hablando de él en estos últimos días. Es extraño pensar en el fondo del mar estando en el centro geográfico y profundo de las sierras, pero el delfín recién mentado se desplaza con ligereza por las aguas de la asociación libre.

*Los ladridos le aúllan a la luna. Pienso en algo leído recientemente acerca de estos ruidos insoportables: ¨son la vergüenza de la Naturaleza¨. Es muy cierto que soportar esas disonancias extremas tan molestas y mientras todo el mundo duerme, provoca, como mínimo, la primera e inevitable pregunta: ¿sus dueños / amos / amigos/as/es , no registran el quilombo que está armando la jauría de lobos idiotas? ¿Qué le meten a los Valiums?

*A las 3:05 am no dan ganas de escucharlo a Charly. El silencio vuelve a apoderarse de la noche y mi contemplador auditivo avezado registra un estridular muy suave y un recuerdo de la infancia en la casa de los abuelos cordobeses. Un jardín de duendes entre las hortensias, la respiración del barrio mágico y nocturno colándose por las persianas. Allí adentro había varios compartimentos, espacios conformando una vivienda que se abría a otros mundos. Cada tanto vuelvo y me encuentro con parte de la nave recortada. Doy un par de vueltas a una manzana que, curiosamente, es otra, pero no ha cambiado demasiado. Mi afición a meditar sobre el tiempo, allí mismo, alborota mis propios registros, entiendo que ese tipo de movimientos siempre son bienvenidos.

 

© Nicolás García Sáez