El mundo cada tanto aparece ante nosotros como mero reflejo: complicado, ajeno o cercano. Más allá de algarabías y preocupaciones variopintas y revisadas por enésima vez las propias proyecciones… ¿ cómo se atraviesa una crisis con una de tus creencias más sólidas?
Hasta hace poco era casi una divinidad inmaculada, hoy se aparece como un chanta decadente del Once vendiendo espejitos de colores. ¿Qué tonos tiene la ingenuidad? Si emano abundancia con intermitencias, el cuentagotas energético será más caprichoso, los resultados serán azarosos, algo dudará en las alturas, pero también entiendo que el tiempo que se depositaba allí, ahora puede ser útil para buscar información sobre los lilas de Júpiter, o para visitar a mi perro y a su novia. Cuatro horas de sagrada lectura sobre budismo son reemplazados por un intenso interés en la actualidad económica, o en la archi coherente práctica de mi bombo leguero. En un punto da igual. El quid, o el meollo, o lo que se tiene que desanudar y desandar, es todo el ímpetu depositado anteriormente.´¿Qué hacer con todo eso? ¿Tiene valor?, por supuesto, casi infinito. Solo hasta retomar las riendas y, con cierto pie de plomo, acercarse muy poco a poco a lo más excelso de esa misma creencia.
Los primeros matices, a priori, pueden pintar agridulces, pero luego se acude a la resiliencia para potenciar lo transitado y entender que todo está ahí, aquí, ahora y también en todas las posibilidades de los nuevos horizontes.
© Nicolás García Sáez