Propósito

Recorro la calle extensa y prolija, no hay luces. Al filo de la madrugada, el estridular aparece como el protagonista sonoro que anduvo soñando en los cuarteles de invierno. Me detengo, observo el horizonte: bruma, noche, un Valle inmenso. Es un momento mágico que se extiende durante larguísimos segundos.

El buen buceador y la buena buscadora de epifanías, sabrán paladear cada instante que amerite el ciento uno por ciento de su atención. Allí está el quid, la clave, la llave hacia un nuevo propósito. Hay buen material y una sarasa contundente acerca del hecho concreto de alcanzar una meta ¿Cómo encaja aquello en el ímpetu polímata y renacentista? Uno puede proponerse ganar el Premio Nobel, otra puede proponerse salvar a los delfines, otro solo querrá compartir sus vivencias. Las opciones son variopintas, tantas como habitantes hay en el planeta. Teniendo en cuenta que la duda es barroca, las sombras amanecen, ven el sol y a remar.

 

© Nicolás García Sáez