Visualicemos a una paloma mensajera que titubea ante la encrucijada y el destino, un horizonte, pero allí se queda, en ese cruce, volando entre la nada. Imaginemos una botella con un mensaje adentro, arrojados al mar de la incertidumbre y la comodidad, en caso de que no seas Robinson Crusoe. Percibamos las señales de humo, que traen más bostezos que esperanza.
En épocas de mega conectividad virtual, a muchas personas el hecho concreto de ser claros (o claras, claro) les puede sonar como si fuese una aventura extraña, a punto de evaporarse. ¿Qué hacer entonces? Es curioso hacer esta pregunta, sabiendo la respuesta antes del primer signo de interrogación.
© Nicolás García Sáez