Cardinal

Si digo sur, es patria, antesala, temblor de tierras o felicidad. Si digo norte, es lejanía, horizonte, proyecto o amanecer. Si digo arriba, es para navegar en los meandros, el faro, la oportunidad. Allí, también, se encuentra un barco en donde habitan los duendes que siempre juegan a esconderse. Cada tanto voy a visitarlos, no importa si es por medio de algún sueño o por algún guiño que hago en la entelequia, transitando los oasis de mi imaginación.  Las coordenadas se van desplegando por medio de colores: naranjas, púrpuras, un azul fusco que minutos antes era el punto exacto del royal blue.

Allí están, converso con ellos, los duendes me hablan en papiamento y en sánscrito, dos idiomas que están entre mis favoritos. Mar, en el primero, se dice ¨lamá¨, con acento en la segunda A. ¨Samudra¨, en sánscrito, es la unión de las aguas que conforman el océano. Pienso en el gusto de todas las sales del mundo, la epopeya de un sabor inigualable que aún titila en la utopía. Pienso en Pantalasa, abrigando lo inconmensurable, el súper continente Pangea anticipando las banderas. Allí, en todo ese devenir de siglos y siglos, una gota atraviesa las tempestades del tiempo. Es el principio de una lluvia, la que dará nacimiento a un piélago, entre añil y lapislázuli, donde la temperatura se descubre observando el reflejo de la luna

© Nicolás García Sáez