Colibrí

El rumor templado del sol deja entrever la antesala de una inminente explosión de ocres, naranjas, dorados, amarillos variopintos, magentas, pasteles y sepias que causarán renovada algarabía otoñal en una porción importante del planeta. Ese mismo rumor es el que contempla al viento, la naturaleza respirando y exhalando en el vaivén de las hojas que titilan, en el jazmín, en el susurro de un colibrí, en el álamo incómodo (muy descuidado por sus vecinos) que, más allá de la tendencia a sumirse en el suelo de su fisonomía, nunca decae a la hora (que es siempre) de contemplar exultante a las sierras.

Inmerso en ese mismo rumor, puedo acudir a oráculos maravillosos que, con un click y en menos de un segundo, me darían infinidad de respuestas. Pero prefiero imaginar o seguir preguntándome adónde duermen los colibríes, a qué se dedican durante los meses fríos. ¿Qué hacen por las noches? ¿Se transforman en algo que no nos permite acercarnos? Siempre escurridizos, grandes maestros del hábito, la sutileza y la concentración. Deseo que este rumor perdure y los acompañe también durante el próximo invierno.

 

© Nicolás García Sáez