Epistolar

El escritor polaco más raro y talentoso que habitó en tierras argentinas pinchaba con alegría teórica y cómplice al padre del Arte Bruto. Provocador serial, Witold Grombowicz tiraba los dardos para que las fichas  cayeran de a una o en simultáneo. Promotor y referente de la imagen, el pintor Jean Dubuffet no se quedaba atrás y, con cordialidad superlativa, hacía gala de su habilidad y esgrima con la palabra. Imágenes y palabras que en aquella época (años 1968 y 1969) los tenía a ambos en la cresta de una ola contracultural que marcaba, como pocas, el fin y el inicio de una Era.

Los imagino escribiéndose , con pluma y sobre el papel, uno en Vence, el otro en París. Han quedado sus obras y aquí se homenajea pero, en un mundo acelerado y superficial , una aguja en un pajar se envalentona de posibilidades al compararse con una actualidad en donde forma, fondo, figura y objeto de comunicación epistolar reúnan las condiciones necesarias para crear una obra de arte.

 

© Nicolás García Sáez