Ejercicio de contemplación nocturna

Me invitan a observar la luna. Allí está, a casi cuatrocientos mil kilómetros, flotando en fase menguante y con un velo de niebla. Mañana va a estar llena, una  buena oportunidad para festejar el viernes. La observo, pero me distraen los grillos, un coro pequeño con su estridular. Intento integrar los sentidos, estimo que durante casi un segundo lo logro, es una victoria apenas perceptible, con laureles para mis ojos y oídos.

En este afán de sinergias, me pregunto si puedo integrar los cinco sentidos en el mismo presente. Lo intento con el olfato mientras veo y oigo. No lo logro. Lo intento con el tacto, sumando a los otros tres. Tampoco lo logro. El gusto apenas asoma entre un grillo y la niebla, pero se retira. Lo intento frotando los dedos, hasta que me distraen las nubes inmensas, de un color inaudito y mágico, un gris plateado de algodón azul y oscuro que apenas se mueve. No es lo que estaba buscando, pero es una recompensa muy digna. Mañana lo intentaré otra vez.

 

© Nicolás García Sáez