Habitando el hábito (1)

*Exhalo, inhalo, viajo adentro mío, a la cuenta de veinte me distraigo. Me desplazo hacia afuera de la penumbra agradable. Abro el sol, pispeo, huelo, contemplo un brote que se despliega, día tras día, al costado de una ramita flexible y delgada del crataegus. Mi atención se disipa con el sonido del viento.

*Agradezco el minuto de ejercicio que invita a la templanza, los cinco minutos de actividad que pueden torcer el rumbo de un pensamiento fusco, la media hora de elongación y trote que regala al ánimo el pack completo para emular a Da Vinci en esta posmodernidad.

*Si alguien habita el caos, el cortisol no dudará en acariciar la nube de sus tormentas. De este modo, un micro hábito que puede ser el antídoto diario es el feng shui: siguiendo la estela de premisas básicas y espartanas, el resultado, muchas veces en el corto plazo, suele ser casi inmediato.

*Pocas cosas provocan un placer tan grande como tendernos decúbito dorsal para paladear, al menos durante cinco minutos, las páginas escritas por algún clásico. Antes de arrojarnos a los brazos de Morfeo, prohibidísimo procrastinar a Cervantes.

© Nicolás García Sáez