Habitando el hábito (3)

*Las plantas perciben su entorno con puente hacia la luz del sol, de la luna, por medio de sonidos, con el tacto, se comunican entre ellas sin emociones porque carecen de cerebro y de sistema nervioso.

*Un buen hábito puede instaurarse en 21 días. A medida que rebano lo inevitable en un rincón del microcosmos, afilo la lupa y aparece una avispa, un cienpies, una abeja. Cada tanto también hay arañas rápidas o lentas, moscas densas, ruidosas y hormigas. Alacranes, en esta instancia, aún no he visto.

*A priori, contemplando la densidad vegetal, a lo ancho, a lo alto…puede parecer tarea épica, de índole titánica para remar en este tórrido estío, pero, a medida que pasan las tardes, esas horas comienzan a despertar endorfinas, serotonina y dopamina, de las más puras, ni medio ápice del bodrio virtual que dejamos de lado.

*Florencia, que hace proezas audiovisuales, me envía un texto de Thich Nhat Hanh, comentando su hábito egregio en la edición de libros: con el peso inmenso de un gran ladrillo refractario y pocos utensilios más, encuadernaba 200 ejemplares al día, material que aumentaba su entusiasmo por la meditación. Además, era un gran jardinero. Así las cosas, el monje me pregunta si alguna vez he cortado la hierba con una guadaña.

*Casualmente vengo hace algunos días dale que va con el cerco. Bien visto, no le quito, lo reavivo para que brote con fortaleza renovada. Además, si uno aspira a superar el resultado magro y la procrastinación, aparece un mundo para explorar el detallismo.

*Este año me propuse ahondar en algunos hábitos y en ese devenir un sub ítem tintinea como “nueva habilidad”. Thich Nhat Hanh expone que la guadaña no es moco de pavo. Hay que auto observar cómo nos paramos en la tierra, la manera de asir y el ángulo que la cuchilla forma con la hierba. Si uno presta atención, puede estar eternidades trabajando, casi ni darse cuenta. Lo disfruta, apenas se cansa. Ahora, si vas distraído, ignorante y pesimista…ni lo hagas. O si, pero antes respiremos profundo. Om o Aum.

*El crataegus es una farenógama medio marginal entre las rosáceas. El cotoneaster, en su versión pop, se presenta como griñolera. Como sea, ambos comienzan a estirar sus tentáculos y en lugar de guadaña les doy mega tijeretazos, ora plácidos como una góndola veneciana sin gondolieri, ora vibrantes como peli truculenta. Hay que ver el caminito y como brilla el hipotálamo cuando logramos transformar el desafío en hábito.

Texto y video: © Nicolás García Sáez

Habitando el hábito (1) – Nicolás García Sáez

Habitando el hábito (2) – Nicolás García Sáez