En un pueblo donde la gran mayoría de sus pobladores y visitantes asegura (además del avistaje de ovnis en los alrededores del Uritorco y la conversación secreta con duendes y hadas variopintas) sentirse bendecido/a, agradecido/a, elegido/a, consentido/a por el Cosmos y todo alrededor de su aura magnética y mágica… yo puedo admitir y/o recordar que, aquella noche en la que inauguré mi exposición personal en una sala mítica de Capilla del Monte, experimenté una gran alegría al ver a una ingente cantidad de público asistiendo a paladear mis pinturas, apreciar mis dibujos y mis intentos de mezclar lo mencionado con los recursos digitales que había en aquel entonces. Recuerdo, con alegría redoblada, la venta de buena parte de lo expuesto, el jaleo y la algarabía de una banda de funky en vivo, el de mis amistades y el de encantadores ignotos e ignotas que brindaban e ingerían lo que mi ex y yo habíamos preparado y ofrecido para tan grato acontecimiento. En medio de aquel dulce tumulto, la aparición sorpresiva de mi amigo, el legendario pintor Miguel Ocampo, que se desplazó decenas de kilómetros para asistir a la inauguración.
Dibujos digitales / Photoshop / Obras disponibles / En venta / Colección personal
© Nicolás García Sáez










