Śamatha

A priori, nada podría resultar más sencillo que sentarse sobre un tatami, en una habitación austera y silenciosa o, allí mismo, tenderse decúbito dorsal para escuchar la propia respiración. Inhalar, percibir la sutileza del aire atravesando las fosas nasales y un pequeño peaje para que los pulmones se expandan. Otra estación, ínfima, antes de volver para exhalar, aflojando la anatomía tensa que suelta las nubes turbias. Sin pensar en el acto, se tiende a detectar, en ese recorrido fugaz, una chispa mínima y sin ruido, alternativa para embarcarse y pispear un recorrido que , en sus primeras etapas, dura apenas unos pocos segundos. Ese lapso tiene la poderosa función de comenzar a equilibrar y limpiar.

Resulta muy curioso que también esa misma sencillez… sea tan difícil. Una opción es contar hasta diez: uno: inhalo. Dos: exhalo. Tres: inhalo. Cuatro: exhalo. Y así sucesivamente, escuchando la respiración. Técnica milenaria que, de tan obvia, se cae de madura, pero son muy pocos los que saben recoger aquel fruto. En el medio podremos ver el alimento en el árbol. Inmediatamente se dispersa en un bosque de números que pueden tener que ver con cualquier cosa: el resultado de un partido de futbol o un partido político, que para el caso es lo mismo, las palabras que se malentendieron o tergiversaron (aquí incluso se puede separar y/o contar en sílabas), o los meses eternos que llevan los novios virtuales que no se animan a salir de la pantallita. Todo, excepto lo esencial, parece ser más interesante que concentrarse en uno mismo. Es curioso cómo, ofrecidas todas las herramientas para acceder a cultivar lo mejor de la autoestima, tantas veces las preferencias de la multitud se inclinan a consumir el fast food de su hermanito menor e inoperante: el ego, siempre aturdido y muy mal alimentado.

Permanecer, para desacelerar y ver los primeros jardines de la serenidad genuina. Permanecer unos segundos, para intentar  llegar al minuto. Bien pensado, no es tanto lo que se pide y es infinito lo que se ofrece.

Śamatha (con acento en la ese) es un término budista que se refiere a la calma mental. Se consigue practicando meditaciones centradas en un solo enfoque: la respiración de uno mismo. El Tripitaka o Canon Pali (colección de antiguos textos budistas), presentan a este término como una de las dos cualidades de la mente, la otra es Vipassanā (विपस्सना) , principio de un camino para abrir las puertas de la percepción

 

© Nicolás García Sáez

 

Continuará…